Un laberinto que nunca se dibujó. El camino salió de una regla y después se fresó en cerezo macizo — cada surco es una decisión de la regla, no mía.
La forma la eliges tú. Rectangular viene con bolita de acero y tapa de arce. Redondo es un laberinto de dedo: un solo surco continuo de afuera hacia adentro, pensado para recorrerlo despacio y no para resolverlo. La misma regla, otro contorno — el camino se genera de nuevo para cada pieza, por eso no hay dos tablas iguales.
Cerezo y arce, aceitados con aceite de tung puro, apto para contacto con alimentos, sin barniz. Los nudos y las marcas naturales se quedan.